El ciclón de 1915 y sus embates en la región (1a. Parte)


Hace cien años, cinco días después de haberse festejado el grito de la independencia nacional; un fuerte ciclón abatió la región.  La persistente y copiosa lluvia aunada al viento huracanado  se inició durante la noche, cuando la mayoría de los habitantes  se disponían a dormir.
            En Coatepec, uno de los testigos de tal acontecimiento, el doctor Rafael Sánchez Altamirano, narró el suceso mencionando  que sobre la vertiente oriental del Cofre de Perote se produjo:

un fortísimo ciclón  acompañado de fuerte viento y de una precipitación fluvial  tan  abundante que, en la serranía, el peso del agua ocasionó extensos derrumbes por deslizamiento de la tierra en las laderas de los montes, deslizamientos que arrastraron toda la tierra vegetal y, en algunos lugares hasta la más vigorosa vegetación; los ríos engrosaron su caudal hasta desbordarse y su impetuosa corriente arrolló chozas con sus habitantes y ganado del que moraba cerca de la margen de los ríos. Puentes de antigua y fuerte construcción que databa desde más de sesenta años atrás, fueron derribados por las corrientes quedando incomunicadas algunas rancherías próximas a Coatepec. [1]

Los efectos devastadores se dejaron sentir con mayor ímpetu en las vías comunicación. En la entrada norte de Coatepec, la fuerte corriente destruyó los arcos que servían de sostén al denominado  Puente Nuevo, debajo del cual corrían y corren  las aguas del Río Pixquiac y sus afluentes. El mismo autor señala que se había dislocado esa sólida construcción derribándose:    
por completo una arcada de las siete que lo componen y las corrientes habían subido en algún lugar hasta unos seis metros arriba de su nivel ordinario; esos ríos especialmente el Pixquiac sumamente crecido lleno todo  el ancho valle frente a las casas de la finca de Consolapam y había arrastrado algunas chozas con todo y sus moradores. El rio Sordo, a media distancia entre Coatepec y Jalapa destruyó el puente del ferrocarril y quedamos incomunicados porque también, la misma corriente destruyó el puente que nos unía con la Estación de Pacho; al Sur, el río de los Pintores no ocasionó ningún perjuicio porque el origen de esta corriente está próximo a Coatepec, más al Sur el Huehueyapam que aumentó mucho su volumen tampoco ocasionó ningún perjuicio porque su corriente está encajonada por altos bordes y cerros; pero los ríos de Xico que en la Cascada de Texolo mueven la planta eléctrica, derribaron los  dos puentes que une esta región con la de Teocelo; el del ferrocarril, un alto viaducto y construido de solida armazón de hierro fue completamente destruido y, unos pocos metros abajo, un puente nuevo que servía para el paso de personas y bestias, también fue arrastrado por la corriente; pero, más al oriente el antiguo puente de dos arcos sobre el mismo río que está en el camino a Teocelo, resistió el embate de la potente corriente, no obstante que el nivel de las aguas subió más de un metro encima.[2]




[1] Rafael Sánchez Altamirano, Memorias Autobiográficas, Coatepec, 1950, pp. 351-352.
[2] Idem.

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